California

Asesinatos en cementerio provocan miedo y rumores en Perris

José Luis Torres García, de 33 años de edad, es señalado como el sospechoso de matar a 3 hombres en el panteón

Agencias

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viernes, 28 febrero 2020 | 10:20

Perris – En una noche de un domingo reciente, cuatro hombres compartieron comida y bebida antes de amanecer al día siguiente en un humilde y pequeño cementerio poblado de árboles sin hojas, publicó el rotativo LA Times.

Llegaron a presentar sus respetos a un viejo amigo, Uver Hernández Castañeda.

Sólo uno de los hombres saldría con vida del cementerio.

Cerca de la tumba de Hernández Castañeda yacían los cuerpos de tres de los hombres. El cuarto, José Luis Torres García, se ha convertido en objeto de una intensa cacería humana.

Los detectives dicen que Torres García, de 33 años, mató a Jaime Covarrubias Espíndola, de 50 años; José María Aguilar-Espejel, de 38 años; y Rodrigo Aguilar-Espejel, de 28 años.

El triple asesinato del 17 de febrero en esta ciudad de casi 78 mil personas del condado de Riverside, causó una ola de miedo después de que el sheriff invocara la posibilidad de la presencia de un cártel de drogas.

El sheriff Chad Bianco intentaba acallar las preocupaciones de los residentes en una conferencia de prensa, diciendo que no debían sentirse en peligro y que los asesinatos no estaban relacionados con otros ocurridos en el Condado. El 2 de febrero, un hombre recibió un disparo en una gasolinera Arco frente al restaurante Mariscos Playa de Ixtapa de Perris, y pasados 10 días, otro hombre fue asesinado en un parque cercano. (Un par de días después de los asesinatos del cementerio, tres mujeres fueron encontradas muertas en charcos de sangre dentro de una casa en el cercano poblado de Hemet).

“Estamos siguiendo la misma información que ustedes tienen, que está relacionada con las pandillas y con los cárteles”, dijo Bianco. “Estamos investigando todo eso”.

El sheriff no respondió a las preguntas sobre cómo fueron asesinados los hombres, si se usó un arma o cómo fueron encontrados. Las autopsias se completaron el lunes, pero las autoridades forenses remitieron las preguntas a los investigadores de homicidios. El investigador del caso, Alberto Loureiro, se negó a hablar con un reportero de Los Angeles Times sobre los detalles.

Le preguntaron durante la conferencia de prensa si los hombres fueron “ejecutados”, dijo el Sheriff Bianco: “Podría entrar en la semántica de lo que eso significa, pero ciertamente parece que sí".

No se ha establecido ningún motivo para los asesinatos. Pero eso no ha impedido que los rumores fluyan en la ciudad.

La tumba que las víctimas habían visitado pertenecía a un hombre que tuvo un final violento unos meses antes, a más de mil 700 millas de distancia en el centro de México. Hernández Castañeda fue torturado y asesinado cerca de las tierras altas de Opopeo, en el estado de Michoacán, mientras se dirigía a visitar a su familia para las vacaciones.

El 18 de diciembre, conducía un Range Rover blanco a la casa de su familia en Turicato, Michoacán, una ciudad dominada por una fuerte presencia del cártel, según los informes de las noticias mexicanas.

Nunca llegó. El 20 de diciembre, su familia denunció su desaparición y dos días después se encontró su cuerpo con heridas de bala y otros “signos de violencia” cerca de Opopeo, un pueblo de menos de 9 mil habitantes donde los lugareños han formado equipos de autodefensa contra los narcotraficantes.

En los medios de comunicación social y en el cementerio, la familia y los amigos insistieron en que no tenía enemigos. Se le recordaba como un padre y un marido bondadoso que, sin querer, se había enredado en la violencia que convulsionaba partes de México.

Recientemente una multitud de curiosos y visitantes del cementerio, se reunieron para echar un vistazo a la tumba de Hernández Castañeda. De repente, un todoterreno blanco Nissan entró al panteón. Un hombre con una camiseta negra y una mujer vestida de naranja salieron del vehículo con su hijo pequeño y caminaron hacia la tumba de Hernández Castañeda. Al ver que la familia se acercaba, el pequeño grupo se dispersó.

La mujer se identificó como la cuñada de Hernández Castañeda. Según ella, el hombre había vivido en Estados Unidos durante 20 años con su familia. Pero su mujer tenía un amante, dijo ella.

La cuñada dijo que la mujer aparentemente tenía un amante poderoso en México. Cuando Hernández Castañeda hizo el viaje de vacaciones a su país natal, fue asesinado, señaló su cuñada. Como muchos otros entrevistados por The Times, ella se negó a permitir que se utilizara su nombre, citando preocupación por su seguridad.

“No hay justicia en México”, dijo, sacudiendo la cabeza mientras miraba la lápida de su cuñado.

Cuando la familia visitó la tumba de Hernández Castañeda, ya se había limpiado cualquier señal de la horrible tragedia que había ocurrido allí apenas unos días antes.

Bajo un sol radiante, un crucifijo de madera yacía sobre su lápida, ocultando parcialmente un grabado: “No te entristezcas por mi ausencia, no me he alejado de tu lado... No puedes oír mi voz, pero sigo estando contigo”.

Esa misma mañana, el sonido de los cuervos y las palomas, fue lentamente reemplazado por las voces y la música de cumbia que llevaron las familias que se instalaron para pasar tiempo con sus seres queridos fallecidos. Colocaron sillas plegables, mantas y bocadillos en la hierba verde a los pies de la tumba de Hernández Castañeda.

Una mujer que se identificó como la cuñada de Uver Hernández Castañeda dijo que el hombre no estaba involucrado en las actividades del cártel.

Una mujer, que dijo llamarse Victoria, se aventuró a cruzar el cementerio para visitar la lápida de Hernández Castañeda. Lo hizo por curiosidad. Pero se dio la vuelta antes de llegar. De repente se preocupó de que alguien pudiera estar observándola.

“Es mejor observar desde la distancia”, expuso la mujer.

Un empleado del cementerio y su amigo - que ambos pidieron permanecer en el anonimato - se sintieron nerviosos ante la idea de que el triple asesinato podría estar relacionado con un cártel.

“No quiero saber nada de eso”, dijo el empleado.

El pueblo de Perris es un sitio importante para los turistas que visitan el lago Perris y disfrutan de aventuras como el paracaidismo y los paseos en globo aerostático. La “capital del paracaidismo de América” raramente es noticia - excepto cuando ocurren tragedias de paracaidismo.

Es una ciudad familiar que ha atraído a los locales por su calma y seguridad. Más del 75 por ciento de la población es latina.

Olivia Moreno de González, quien se identificó en una entrevista telefónica como la dueña de Mariscos Playa de Ixtapa, dijo que había estado ocupada desmintiendo rumores, incluyendo que Hernández Castañeda era el dueño, y no un empleado. Una de las víctimas de los asesinatos del cementerio, Covarrubias Espíndola, también era empleado, precisó.

“Muchas cosas que la gente está diciendo son mentiras, y nos está afectando”, declaró Moreno de González. “Honestamente, estamos en las mismas. No sabemos nada”.

En una reunión de lugareños de Perris, una mujer que vendía recuerdos religiosos dijo que recordaba a dos hombres que aparecieron buscando velas y un libro de oraciones para su primo. Le dijeron que lo habían matado en México. Reconoció un crucifijo que vendió como uno que terminó en la lápida de Hernández Castañeda. Pero la mujer dijo que no podía recordar quién lo compró.

En el cementerio, el hermano de Hernández Castañeda se arrodilló ante la tumba y retiró el crucifijo y dos flores que estaban allí. Limpió la lápida con un trapo. Su hermano, dijo, no estaba involucrado en ninguna actividad del cártel, a pesar de su asesinato y la extraña muerte que sufrieron los tres hombres en su tumba.

“Todos los que nos conocen saben que no es lo que la gente está pensando”, aseguró.

La mañana de los asesinatos, el hombre dijo que recibió una llamada de una amiga de la familia.

“Veo a tres hombres durmiendo sobre la tumba de su hermano”, le comentó al hermano de Hernández Castañeda.

“Iré allí y veré quiénes son”, dijo. Pero antes de que pudiera llegar, ella llamó de nuevo.

“Creo que están muertos”, expuso ella.

Corrió a la tumba de su hermano para investigar por sí mismo, pero para entonces el cementerio estaba lleno de ayudantes del sheriff e investigadores.

El hermano de Hernández Castañeda dijo que tenía una teoría mucho más simple sobre el trágico acontecimiento: Los cuatro hombres estaban bebiendo y se pelearon. No era raro que los amigos de su hermano visitaran su tumba. Les había dicho repetidamente que no llevaran botellas al cementerio, ya que está prohibido beber en ese sitio.

El hermano dijo que conocía a los cuatro hombres. Uno de ellos, Covarrubias Espíndola, era un querido chef del restaurante Mariscos Playa de Ixtapa, que salía de su cocina para preguntar a los invitados si les gustaba su comida y atender las peticiones personales de sus amigos.

A los otros hombres los conocía sólo como amigos de su hermano. Aunque dijo que no sabía sobre el sospechoso.

Escuchó que uno de los cuerpos estaba a la derecha de la lápida de su hermano; los otros dos, a la izquierda.

Aparte de eso, dijo, todo es un misterio.