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Pensó que tenía coronavirus; sin lugar a dónde ir, pasó 5 días en su auto

Reggie Domínguez pasó varias noches autoaislándose en el estacionamiento de un hospital

Agencias

Agencias

lunes, 30 marzo 2020 | 10:44

Los Ángeles –Reggie Domínguez estaba sentado en su auto, aturdido, escuchando la radio. Llevaba tres días en el estacionamiento del Kaiser Permanente de Baldwin Park Medical Center, y había estado solo en su automóvil durante dos días antes de eso, con diarrea, sudores fríos y escalofríos, interrumpidos por ataques de tos que sacudían todo su cuerpo. Un médico y una sala de emergencias lo habían rechazado. En ambos sitios le respondieron a este hombre de 63 años que sus síntomas no eran lo suficientemente graves como para hacerse una prueba del nuevo coronavirus, y que llamara al 911 si las cosas empeoraban, publicó el rotativo LA Times.

Domínguez, un nativo de Los Ángeles cuyos pómulos altos, ojos penetrantes y bigote delgado le dan un parecido sorprendente con Clark Gable, había conducido su SUV Mercedes Benz 2009 desde la casa de su madre, en El Paso, hasta el sur de California, para visitar a sus dos hijos. Después de llegar, presentó síntomas similares a los de la gripe y, al comprender el riesgo, rechazó la oferta de un hijo de quedarse en su casa hasta que pudiera hacerse la prueba. Entonces, Domínguez estaba desamparado. “No quería propagar esto”, le dijo a The Times.

Una vez en Los Ángeles, su salud siguió deteriorándose y el exempleado de la Autoridad de Transporte Metropolitano sólo contaba con sus últimos 40 dólares. Era martes y llevaba cinco días enfermo.

La radio KPCC-FM (89.3) emitía el programa de Larry Mantle. Entre los invitados había un funcionario de la Autoridad de Servicios para Personas sin Hogar de Los Ángeles y dos proveedores para desamparados, incluido el reverendo Andy Bales, de Union Rescue Mission. Mantle pidió que llamaran los angelinos que vivían en sus autos o en la calle. Un hombre que vivía en su camioneta, en Orange, y no tenía un lugar para ducharse ni encontraba comida, se comunicó.

Luego, apareció “Reggie, en Baldwin Park”, cuyas palabras sonaban puntuadas por un breve ataque de tos. “No quiero exponer a nadie al virus, así que me estoy aislando en el automóvil”, reveló Domínguez a KPCC.

Uno de los invitados de Mantle le habló de ciertos recursos en línea. Pero después del show, Bales pidió el número de teléfono de Domínguez, lo llamó y le dijo que fuera a Union Rescue Mission lo antes posible. Apenas tenía suficiente gasolina para llegar allí. “Las cosas se veían bastante sombrías con mis síntomas y a nivel financiero”, aseguró.

De alguna manera, Domínguez logró llegar a skid row, donde Bales y una enfermera del personal se pusieron máscaras y guantes, y lo ayudaron a ingresar al gimnasio de la misión, que sirve como sala de cuarentena. A Bales le preocupaba que Domínguez no pudiera pasar del martes por la noche y se aseguró de cargar su teléfono, por si tenía que llamar al 911.

“Cuando se puso de pie, estaba sin aliento”, comentó Bales. “La clínica dijo que estaba más enfermo que cualquiera que se hubiera quejado por la gripe común u otros virus que están circulando”.

Bales también ha tenido otros desamparados en cuarentena. Él piensa que la mayoría tiene gripe, pero no puede estar seguro. Sus pruebas aún esperan los resultados. El viernes, trajo a otro hombre que estaba escuchando KPCC al gimnasio.

En todo este proceso tiene un presentimiento, sabe lo que eventualmente vendrá: un resultado de prueba que muestre que una persona sin hogar tiene, en efecto, el nuevo coronavirus.

Si eso sucede, los funcionarios de salud pública dicen que el virus y la enfermedad que causa, COVID-19, afectarán a la población de alto riesgo con una velocidad devastadora y probablemente mortal, poniendo aún más presión en los hospitales ya abrumados.

Las enfermeras y los proveedores de refugios describen cómo la unida comunidad de skid row -la mayor concentración de personas sin hogar en Estados Unidos- tiene poco acceso a pruebas, suministros médicos o clínicas. Y debido a que el área rebosa de campamentos en la calle y tiene sus refugios llenos, también hay una imposibilidad de contar con suficiente espacio para distanciarse socialmente de los demás y así frenar la propagación del virus.

Domínguez pudo hacerse la prueba y fue enviado a Dockweiler Beach, donde se hospeda en uno de los 112 trailers empleados para poner en cuarentena a aquellos que dan positivo o tienen síntomas de COVID-19. Hasta el viernes por la mañana, según los funcionarios del Condado, había 21 pacientes viviendo en tráilers, aunque el número fluctúa a medida que llegan nuevos casos.

Muchos de los pacientes no tienen hogar, comentó Shannon Fernando, quien es enfermera allí y directora de innovaciones en Los Angeles Christian Health Center.

Según Steven Frasher, portavoz del Centro de Operaciones de Emergencia del Condado de Los Ángeles, las autoridades no rastrean el estado de vivienda de los pacientes, pero agregó que los tráilers en Dockweiler están “abiertos a cualquier persona en el Condado que no tenga la posibilidad o los recursos para hospedarse y aislarse dónde está, y ello incluye a quienes viven en la calle”.

Domínguez se siente débil pero está mejor después de cada siesta y cada comida. Aún así, Fernando, quien lo ayudó con su tratamiento, reconoció que no sabrá realmente si tiene el virus hasta, al menos, principios de la próxima semana. Un retraso en los laboratorios que procesan las pruebas dificulta tener respuestas para aquellos que sospechan haberse contagiado de coronavirus, consideró.

Hasta ahora, la clínica de Fernando en skid row, Joshua House, ha enviado a cuatro personas a los tráilers de Dockweiler Beach y examina a otras en el exterior de su clínica, en la calle. Cualquiera puede presentarse allí. Joshua House, no obstante, sólo tiene 250 pruebas hasta ahora, y Fernando espera que haya más en camino. Hasta el viernes, la clínica había evaluado a 28 pacientes.

Sin embargo, a medida que aparecen más personas sin hogar con síntomas, Fernando se preocupa de que haya suficientes tráilers y otros espacios para aislar a los pacientes. “El problema es que estamos tan atrasados en el condado de Los Ángeles, en nuestra capacidad y en cuanto a las pruebas”, observó. “Creo que nuestras mayores preocupaciones, como clínica, e incluso para nuestros socios, son: ¿Qué hacemos con esta gente más vulnerable cuando comienza a tener síntomas y necesitamos aislarla? ¿Cuáles son las opciones viables?”.

Bales coincidió y agregó que, además de la falta de recursos, uno de los mayores desafíos es la larga espera para obtener resultados de las pruebas.

Jaime Álvarez, quien es un desamparado, acaba de superarlo y vive en Los Angeles Mission. Durante los últimos meses, ha estado allí como parte de un programa de rehabilitación. El hombre de 42 años de edad nunca imaginó que se encontraría sin hogar después de mudarse a Estados Unidos desde México, en 2000. Durante un tiempo le fue bien; trabajaba como carpintero y compartía un departamento en el este de Los Ángeles con extraños. Pero pronto se deprimió. Extrañaba a su familia. Comenzó a usar drogas. Dejó de ir a trabajar, perdió su departamento y su auto.

A principios de este mes, comenzó a sentirse enfermo, con síntomas parecidos a la gripe. Preguntó si podía visitar la clínica de la misión. “Me dolía la garganta, molestaba al tragar. Pasé varios días sintiéndome así”, describió Álvarez. “Me dijeron que probablemente tenía el coronavirus”.

A pesar de no tener algunos de los síntomas reveladores, como falta de aliento, y ninguna condición de salud subyacente, como asma, los colegas de Fernando lo examinaron para detectar un posible contagio de coronavirus. Eso fue el 17 de marzo, según Herb Smith, presidente y director ejecutivo de la misión.

Los médicos le indicaron que permaneciera aislado durante 14 días, y lo colocaron en la ‘capilla española’ de la misión, una gran sala de usos múltiples que tiene un televisor y un baño. Otras tres personas enfermas también viven allí, y las enfermeras y los administradores de casos les hablan por teléfono.

Alguien a quien pusieron en cuarentena se negó a quedarse. Eso preocupó a Smith. Su personal trató de encontrar a todos aquellos con quienes esa persona se había contactado, con la esperanza de advertirles sobre su posible exposición al coronavirus.

Según Smith, su personal se está adaptando a la nueva realidad. Continúan ayudando a la gente a salir de la calle, sabiendo que la proximidad dentro del refugio podría permitir que el virus se propague rápidamente. “Con tanta gente por aquí", afirmó, “es difícil lograr que el lavado de manos y la temperatura sean consistentes”.

Álvarez pasó días en la capilla española y Smith se sintió frustrado por no haber tenido noticias de los resultados de sus exámenes. Pero finalmente, después de más de una semana, se enteraron de que eran negativos.

Álvarez asegura que se siente bien, y aunque salió de la cuarentena, sigue inscrito en el programa de rehabilitación de la misión. En cuanto a los otros que siguen en la capilla española, Álvarez no sabe si contrajeron el coronavirus.

“Hay muchas personas que están allí, y tosen y tosen”, comentó.